basado
en Mariano
Arnal. http://www.elalmanaque.com/lexico/agresion.htm
Todo
individuo construye un espacio personal, una zona que le rodea y
sobre la que supone tener derechos particulares. La intrusión de
otra persona en este espacio personal genera reacciones de disgusto.
Generalmente,
cuando alguien entra en un espacio personal tiene que pasar por un
ritual de entrada, que ha de comprenderse como una manera de
apaciguar las defensas agresivas de la persona, cuyo espacio personal
acaba de ser “violado”. Pero también la persona que recibe, debe
estar atenta al ¿Porqué esos límites?
En
cuanto alguien ha marcado
un territorio como suyo convirtiéndolo en exclusivo que deja
encerrados (clausi)
fuera (ex)
a los demás), el hecho de que los encerrados fuera o excluidos se
les ocurra acercarse a la demarcación, es considerado como una
agresión. A partir de ahí se sienten plenamente legitimados para
atacar.
Y
sin embargo, el supuesto “agresor”
desde su perspectiva no hace nada ilegítimo ni ofensivo. Simplemente
“va”; pero claro, va en una dirección que no le conviene a quien
en aquella dirección se ha marcado
un territorio, un coto cerrado. En efecto, aggredior,
aggressus sum, aggredi (de
ad
más
gradior,
gressus sum, gradi)
significa simplemente ir hacia, dirigirse a, acercarse, aproximarse;
significados que luego se amplían en emprender, acometer, atacar,
agredir.
Es
que gradior
significa tan sólo ir, caminar, avanzar (y un gradus
no es más que un paso, que si es de escalera se convierte en
escalón). Recordamos todo el espectro de este lexema en castellano
para entender que no puede ser de otro modo. Aparte del grado,
la grada,
los grados
(incluidos los de temperatura), las gradaciones
y las graduaciones,
tenemos una serie de compuestos como ingreso,
regreso,
progreso,
congreso,
que no implican ningún género de malevolencia u hostilidad. Incluso
en la transgresión
puede no haber agresividad ni hostilidad.
Así
que desde la perspectiva de su origen etimológico, agredir
es algo tan neutro como acercarse. Lo que convierte el acercarse en
peligroso u ofensivo, es la intención del sujeto en unos casos y la
percepción que de ese acto tiene quien ha marcado sus límites. Y en
más casos aún lo que determina la agresión
es el empeño de alguien en que otro haga o deje de hacer en función
de los caminos y fronteras que él por su cuenta y riesgo marca.
Eso lo hace acotando para sí un determinado territorio geográfico,
económico, político, etcétera y pretendiendo que los demás asuman
que ese coto es para ellos inaccesible e intocable.
Control
social y conformismo
El
control social es la capacidad de un grupo social para hacer
efectivas sus normas y sus reglas, hacer que sean aplicadas por sus
miembros. El control
social es objetivo
cuando el agente es consciente de ejercer un control y quiere
ejercerlo. El control
social subjetivo
es el que ejercemos sobre nosotros mismos cuando estamos en presencia
de otras personas, pues todo desconocido que pueda observar nuestra
conducta (aunque le sea indiferente) modifica nuestros
comportamientos.
Si
en nuestra cultura la presencia o la mirada del otro ejercen un
control social es porque nuestro condicionamiento social nos enseña
que el hecho de ser observado está casi siempre asociado al hecho de
ser juzgado, aunque no debería.